Un día, cualquier lunes, algunas sensaciones inocuas a la vez que desconocidas; un odio casi fulminante ante no sé qué de la no sé cuándo. Reconozco algunas causas mas no sus razones, inherentes a la necesidad de la misma naturaleza del podrecer, pieles de fuego que se requieren para disfrazar la ausencia de la calidez humana. Se reencuentra poco a poco la rutina y se asienta un poco la rebeldía -una revolución en pausa-. Un acicalarse sin muchas perspectivas de un día de sol. Un saberse mejor pero desconocido en sus actos, perversos en cierta medida, contra los que nada de esta melancolía inventada conocen ni merecen. La misión: reestablecer la alegría del niño que miraba con asombro las infinidades expuestas por medio de las luces de las estrellas -en ocasiones sin existencia-. A veces me pregunto ¿Qué será ser una constelación? A lo mejor ya lo somos o lo fuimos o lo seremos. Me enerva mi propia postergación de acciones, me entristece el desperdiciar del tiempo y el anhelo infundado pero pesado del retroceso del mismo. ¡Vamos! ya está cerca el risco... lo que sí desconozco es su dirección de ascenso o descenso.
14072025-9:35
QuinCHE
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