Un perro en la sombra de la noche resguardado de la lluvia, mira a la luna borrosa en el reflejo de un charco sucio, anhelando saciar su melancólica sed; oprime su hocico contra su vientre tratando de retener el fugitivo calor de su existir. Perro sin color ni raza de patas achacadas y curtidas, agrietadas, cansadas, y sucias que ya no quieren ir por el mundo lodoso y frío de odio contra él sin saber causa; sueñan y suenan sus intestinos, sus tripas, sus viseras cada vez más menos hacen en pro de su vivir ya que no tiene sino vacío en su estomago; de su fatigado y desahuciado respirar, pesado, peleando con sus pocas nimias fuerzas se genera una tos de animal dispuesto a morir como solución de su triste vivir. Su cola ya no bate, solo se deshilacha con cada caída de pelo, caen como caricias nunca sentidas de afecto y cariño por su existir. Sus dientes, su lengua, el brillo de sus ojos, la fuerza de su corazón, se pierde en cada mirar se apaga como un pequeño cerillo soplado con el aire discriminatorio. Llega el dormir de su ser para descansar su existir y asumir no sin querer una nueva batalla al despertar en la mañana. Si es que despierta el perro de la triste y pequeña existencia.
10092015-1:12
quinCHÉ
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